Los medios de comunicación están para que hagamos un uso racional de ellos, para extraer en cada momento aquello que va a contribuir a nuestro bienestar, que enriquezca nuestros conocimientos o nos entretenga satisfactoriamente, conforme a nuestros criterios de exigencia. Y también sirven para la evasión después de una jornada de trabajo o estudio, dejando que imágenes y sonidos nos envuelvan y trasladen a un mundo diferente de nuestra cotidianeidad, a menudo cargada de cansancio, monotonía, preocupaciones y tensiones. Pero La TV es también una compañía tirana, porque resulta muy absorbente.
Cada día los periódicos incluyen un mayor número de páginas destinadas a comentar las noticias, los programas y espectáculos de la televisión. Los programas televisivos son a diario motivo de debate y polémica en los centros escolares, en las oficinas o en la barra de un bar. En definitiva, la televisión se ha convertido en un elemento imprescindible que, en no poca medida, rige nuestras vidas. Es necesario aprender a mirar la televisión de otra forma, generando propuestas alternativas a la recepción pasiva y acrítica. De esta idea se deduce una mayor vinculación entre televisión y la persona.
La televisión como un medio masivo en este caso a estado utilizado, no como un medio de información, sino como un medio, portador de noticias amarillitas, de incluir aquello que se quiere que se muestre a la persona, imposición de hechos que no son tan relevantes pero sirven para tapar sucesos tan importantes que no quieren que se den ala luz, de incluir aspectos de la sociedad tan irrelevantes, pero mantienen al espectador tan interesado en ello, y por lo tanto ya no se forma un actitud critica capaz de realizar, reflexión sobre estos hechos, sino el simple de pasar algo para mantener ala sociedad entretenida. Es por ello que la sociedad es un ente que simplemente es tele-dirigido.
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