miércoles, 19 de septiembre de 2007

incremento de l "pan "



La escasez de pan de batalla y gas para uso doméstico, hace una ecuación altamente sensible que no vaticina un desenlace sin consecuencias negativas. Mientras el gobierno está preocupado por no afectar los índices de inflación y espera que se produzca la refundación y crecimiento de YPFB, las amas de casa padecen la escasez del más popular combustible, a lo que se suma la amenaza de una nueva elevación en el precio del pan de batalla.

No es argumento que alguna gente ponga “al mal tiempo buena cara” o diga que “a falta de pan, tortas”, lo cierto es que se está acumulando la impaciencia de la gente por falta de soluciones y el descontento porque el bolsillo de la gente sigue vacío, pero ahora, además, carece de gas para hacer el almuerzo diario y desaparece el pan que es considerado el principal y básico alimento de las mayorías.

En varias oportunidades se hizo referencia a la necesidad de adoptar medidas oportunas para evitar que se eleven los costos en la elaboración de pan, otorgando facilidades y estímulos para la producción de trigo e importación de harina, así como solucionar las dificultades en la provisión de GLP. Lastimosamente, la capacidad de adoptar previsiones oportunas parece que no figura en la agenda actual. Hace dos meses ya se produjo el primer incremento en el precio, en algunos distritos, confirmado después, dejando el pan de batalla en La Paz a 40 centavos por unidad. Ahora, subió el precio en Santa Cruz y Cochabamba, mientras se radicaliza la presión en otros Departamentos. Los productores pretenden duplicar el precio del pan en la sede de gobierno, hecho que parece poco probable que la población acepte, ya que siempre existe la posibilidad de que sea la oferta y la demanda la que fije el precio definitivo. Los municipios se lavan las manos en el control del precio de pan -alegando que el D. 21060, les impide regular precios, pese a que el gobierno anunció que derogaría esa disposición legal- de manera que se limitan a verificar calidad y peso.

Lo preocupante radica precisamente en que se demuestra dejadez e irresponsabilidad tanto de la industria de la harina como de dirigentes gremiales del sector de panaderos, y las autoridades tanto municipales como del gobierno central, que nada hacen por solucionar el problema del suministro de las materia primas e insumos, cuyos precio están subiendo artificialmente.

El pan de batalla no es simplemente un artículo de consumo más, sino que se constituye en un símbolo que regula la canasta familiar. Pocos hogares bolivianos seguramente prescinden del pan de batalla, al poder diversificar su mesa hogareña con exquisiteces de las pastelerías, pero el pueblo tiene al pan como columna vertebral de su cadena alimenticia. Además, el pan tiene un peso político decisivo que se ha puesto en evidencia en todas las crisis. Lo que debe preocupar es la ausencia de autoridad para actuar en lo que corresponde, cuando se producen alzas artificiales, como ocurre en el caso actual con un producto básico y esencial como es la harina, sin que nadie haga algo para remediar la situación. Los panificadores alegan que ha subido el precio de la harina a 334 bolivianos por quintal, y que con el actual precio del pan no logran cubrir sus costos. Para remediar la situación lo que hace es bajar el peso del pan de 75 gramos a 55 gramos.

En cuanto al problema de la escasez de gas, que ya se ha vuelto crónico, continúa siendo tratado con paliativos, y lo único que se hace es poner en evidencia la incapacidad para solucionar un asunto de tanta importancia, que requiere planificación, decisión, conocimiento e inversiones.