jueves, 11 de octubre de 2007

EL IMPERIALISMO

Es el capitalismo en su fase superior y última de desarrollo; es el capitalismo en descomposición, agonizante, umbral de la revolución socialista. La peculiaridad distintiva fundamental del imperialismo respeto al período preimperialista del capitalismo estriba en que el gran capital monopolista domina en las esferas económica, política e ideológica. De ahí que el imperialismo se denomine también capitalismo monopolista. Lenin fue el primero en someter a un análisis científico multilateral el imperialismo y en determinar sus rasgos económicos principales. Son estos: 1. La concentración de la producción y del capital ha llegado a un punto tan alto de desarrollo, que ha hecho surgir los monopolios, los cuales desempeñan un papel decisivo en la vida económica. 2. La fusión del capital bancario con el industrial, sobre cuya base surgen el capital y la oligarquía financieros. 3. La exportación de capitales, a diferencia de la de mercancías, adquiere singular importancia. 4. La formación de agrupaciones monopolistas internacionales de capitalistas, que se reparten el mundo. 5. La culminación del reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes. El imperialismo no abroga los fundamentos del régimen burgués, como afirman machaconamente los defensores del capitalismo. Bajo el imperialismo se conservan las bases generales del modo capitalista de producción. Como antes, la propiedad de los medios de producción fundamentales sigue en manos de un pequeño puñado de capitalistas o de sus agrupaciones. Como antes, los trabajadores son objeto de explotación. El estímulo principal de la producción capitalista continúa siendo el afán de ganancias. La economía de los países capitalistas se desarrolla en las condiciones de la anarquía de la producción y de la lucha competitiva, bajo el influjo de leyes económicas espontáneas. La ley económica básica del capitalismo, la ley de la plusvalía -ley económica fundamental del capitalismo sigue actuando también bajo el imperialismo. La sustitución de la libre competencia por el dominio de los monopolios hace que las agrupaciones de capitalistas (cártels, sindicatos, trusts, consorcios), concentrando en sus manos gran parte de la producción y venta de las mercancías y aplastando a sus competidores, puedan obtener una elevada ganancia monopolista (ver), de magnitud sensiblemente mayor que la ganancia media. Después de analizar profundamente la esencia del imperialismo, Lenin llegó a la conclusión de que era posible la victoria de la revolución socialista en algunos países capitalistas e incluso en uno solo, y en este caso el desarrollo del proceso revolucionario en el mundo se produciría de modo que otros países se irían desgajando del sistema imperialista. El curso posterior de la historia ha confirmado esta previsión de Lenin. La contradicción fundamental del imperialismo sigue siendo la del trabajo con el capital, cada vez más acerba dado que el capital monopolista va aumentando la explotación y la opresión de las masas trabajadoras. En su insaciable avidez de elevadas ganancias, los monopolios saquean y oprimen no sólo a la clase obrera, sino, además, a los campesinos trabajadores, a amplios sectores de la intelectualidad, a la pequeña burguesía y a una parte de la burguesía media. Es singularmente pesado el yugo que se impone a los pueblos de las colonias y de los países dependientes; un profundo antagonismo separa los estados imperialistas de los países que han conquistado su independencia nacional, de los pueblos que luchan por su liberación. En el transcurso del movimiento de liberación nacional, los cimientos del imperialismo se resquebrajan cada vez más, sus fuerzas menguan (ver Desintegración del sistema colonial. Dado que en la época imperialista se acentúa la desigualdad del desarrollo de los países capitalistas (ver Ley de la desigualdad del desarrollo económico político de los países capitalistas en el período del imperialismo), se agudizan las contradicciones entre las propias potencias imperialistas en la lucha por la obtención de elevadas ganancias monopolistas. Todas estas contradicciones del imperialismo contemporáneo conducen a la formación de un torrente único democrático general que une a la clase obrera, a los campesinos, a la pequeña burguesía, a la intelectualidad y a importantes capas de la burguesía media nacional en un frente de lucha antimonopolista contra el yugo imperialista. El factor decisivo que debilita al imperialismo en el periodo de la crisis general del capitalismo (ver) estriba en el rápido crecimiento del sistema socialista mundial. Ello hace que el sistema imperialista mundial se encuentre desgarrado por hondas e incisivas contradicciones que corroen y destruyen al régimen capitalista, provocan su seria debilitación y, finalmente, su hundimiento. El capital monopolista, para conservar y en cierto modo apuntalar las resquebrajadas bases del imperialismo, para mantenerse en emulación frente al poderío, cada día mayor, del sistema socialista mundial, une su fuerza con la del Estado burgués. En esto consiste la esencia, el contenido fundamental del capitalismo monopolista de Estado (ver), que adquiere vasto desarrollo en la fase actual del capitalismo. El objetivo de esta unión estriba en asegurar a los grandes monopolios beneficios extraordinariamente elevados, en aplastar el movimiento obrero y la lucha de liberación nacional, en conservar y fortalecer los pilares del régimen capitalista, en intentar la destrucción del régimen socialista y el sistema socialista mundial en desencadenar guerras de rapiña. Sin embargo la experiencia histórica muestra que el capitalismo monopolista de Estado, en vez de reforzar el sistema capitalista -como esperan la burguesía y sus defensores-, acentúa más aun las contradicciones del capitalismo, lo socava de raíz. Consolidado el régimen socialista gracias a la victoria de las revoluciones socialistas en varios países de Europa y Asia, derribado el colonialismo por la lucha de liberación nacional de los pueblos de las colonias y de los países dependientes, ha cobrado un poderoso impulso el movimiento progresivo de las masas populares en los países capitalistas, ha surgido la posibilidad real de poner coto a las fuerzas del imperialismo tendientes a desencadenar una nueva guerra en el mundo. Liquidado el dominio exclusivo del imperialismo, la guerra ha dejado de ser una fatalidad inevitable. Ahora bien, el imperialismo no cederá sin lucha el camino al régimen nuevo, socialista. Intentará por todos los medios, incluido el de la agresión, establecer el dominio del capitalismo en todo el orbe. "Mientras exista el imperialismo -se dice en el programa del P.C.U.S.-, la humanidad no podrá sentirse tranquila respecto a su futuro". Mas actualmente las fuerzas del progreso, de la democracia y del socialismo superan a las fuerzas del imperialismo, se fortalecen y crecen sin cesar. El imperialismo ha puesto en pie contra sí mismo no sólo a las clases trabajadoras, sino, además, a todas las fuerzas principales de la sociedad burguesa. Y en definitiva esto es lo que decidirá el destino del imperialismo

Aprobar TLC con Panamá, Colombia y Perú, urge Rice al Congreso de EU

La secretaria de Estado estadunidense, Condoleezza Rice, urgió al Congreso de su país a la ratificación de los Tratados de Libre Comercio (TLC) con Colombia, Panamá y Perú, al advertir que un eventual rechazo supondría una “retirada” de Estados Unidos y enviaría una “fuerte señal” a la región de que no se puede confiar en sus promesas.
Describió a los tres países como parte de “nuestros mejores socios” en la zona y que por eso es de “vital” importancia la aprobación de los tratados, al subrayar que están encontrando “dificultades” para su ratificación en el Congreso dominado por los demócratas. Dijo que el “fracaso” en sacarlos adelante sería un “gran golpe para esos países”, de lo que no será fácil recuperarse.
También aprovechó para arremeter contra el gobierno venezolano de Hugo Chávez, al sostener que la no aprobación de los tratados daría aire a los “enemigos de la democracia” en América Latina, y en alusión indirecta a Chávez afirmó que “intentar aliviar la pobreza y la desigualdad en América con autoritarismo es como intentar desafiar a la ley de gravedad”.
Del mismo modo reiteró su espaldarazo a los “líderes democráticos responsables”, cuyos países han aceptado tales tratados, como la chilena Michelle Bachelet, el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, el uruguayo Tabaré Vázquez, el colombiano Álvaro Uribe, el peruano Alan García, el mexicano Felipe Calderón y el salvadoreño Elías Antonio Saca.
Mientras Costa Rica retornaba a la “normalidad” después de las presiones y la polarización por el referendo del domingo en que se aceptó el TLC, San José dijo que ahora se prepara para emprender negociaciones de libre comercio con Europa.
El ministro costarricense de Comercio Exterior, Marco Vinicio Ruiz, instó a la oposición en el Congreso a que permita la aprobación de 12 proyectos de ley, necesarios para que entre en vigor el tratado con Washington en marzo próximo.

Video muy interesante, espero que lo vean

http://www.youtube.com/watch?v=kieyjfZDUIc&eurl=http%3A%2F%2Fel3ermundo%2Eblogspot%2Ecom%2F

RAÚL SENDIC

Raúl Sendic



Raúl Sendic nace en Chamangá, Flores, Uruguay, el 16 de marzo de 1925 y muere en París, el 28 de abril de 1989.

Líder agrario, guerrillero fundador del MLN Tupamaros, analista económico, estratega político, la suya fue una de las mentes más revolucionarias y lúcidas en la historia de Uruguay. Raúl fue un hombre con una filosofía de vida impregnada de una perspectiva claramente humanista, un visionario, un pensador y sobre todo un ejemplo para todos nosotros.



Nació en el seno de una familia de trabajadores rurales, Cursó la educación primaria en la escuela agraria del lugar, y la secundaria en la capital departamental, Trinidad,. luego se traslado a Montevideo, para ingresar en la Facultad de Derecho de la Universidad de la República y comienza a trabajar en un estudio jurídico. Completó 5 años y medio de los 6 que insumía la carrera, no se recibió de abogado, pero sí obtuvo el título de procurador.



El comienzo de su militancia es en las filas del Partido Socialista donde milita más de 10 años y desempeña puestos de dirección dentro de la organización juvenil. Brinda asesoría jurídica a los trabajadores rurales y desempeña una importante labor sindical entre los mismos trabajando con los gremios. Era una especie de asesor de esos sindicatos, y de otros de Paysandú, y de los problemas laborales en general de los trabajadores. Crea varios sindicatos, entre ellos el de los trabajadores azucareros UTAA, los "peludos" de Bella Unión., con quienes prepara la primera marcha de los trabajadores azucareros del norte del país, bajo la consigna de ” UTAA POR LA TIERRA Y CON SENDIC”. Llegan a Montevideo en donde reclaman la jornada de ocho horas de trabajo. Crea las bases políticas y organizativas de lo que posteriormente sería el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros).

Tras una orden de captura por parte del Poder Judicial, pasa a vivir en la clandestinidad, situación que se mantendría hasta su detención permanente, en 1972. Desde la clandestinidad lleva a cabo la tarea enorme de crear, poner en marcha y dirigir, la lucha guerrillera, que constituyó una rica fuente de experiencias para el movimiento revolucionario latinoamericano y mundial. Esta labor de dirigente lo llevó a prisión dos veces: En agosto de 1970 es detenido y encarcelado en el Penal de Punta Carretas y casi un año después, en septiembre de 1971, protagoniza, junto a 110 de sus compañeros, la histórica fuga que marca su reintegro a una actividad política que marchaba hacia años de confrontación social de una magnitud desconocida en Uruguay desde 1904.



El 1º de Setiembre de 1972, luego de un prolongado combate con tropas del Ejército y la infantería de Marina , es detenido nuevamente, tras ser gravemente herido. "Soy Rufo y no me entrego vivo", dicen que contestó, según el comunicado 467 de las Fuerzas Conjuntas. Desde ese momento estuvo prisionero en las cárceles de la dictadura militar, sufriendo continuos malos tratos y prolongados períodos de aislamiento en celdas de castigo bajo la condición de rehén junto a ocho compañeros más. En estos doce años de prisión, la figura de Raúl Sendic se agiganta ante los ojos de su pueblo y ante los revolucionarios de todo el mundo. Sus cualidades como dirigente político, organizador y conductor, están reafirmadas por un compromiso con la Revolución, que no mermo a lo largo de sus 56 años de vida.

Raúl Sendic vivió casi 13 años en condiciones infrahumanas, como rehén de una dictadura que anunció y suspendió varias veces un juicio público sobre él.

Es liberado tras el indulto de marzo de 1985 y continúa con su actividad política al frente del MLN-Tupamaros hasta que fundó el "Movimiento por la tierra".

Muere en París, el 28 de abril de 1989, a causa del Mal de Charcot.

Gran parte se su vida fue de sacrificios, de austeridad, de años de clandestinidad, de tortura y de aislamiento. Así todo Raúl salió de la carcel dispuesto a seguir luchando y nos dejo en el ejemplo de la claridad, el respeto, el amor y la constancia que manifestó hasta su muerte, un camino a seguir para construir una patria para todos, su nombre está estrechamente unido a todos los perseguidos, a todos los torturados, a todos los presos políticos y a todos aquellos que han entregado sus vidas por la liberación.

POEMAS DE RAÚL SENDIC


A su hija Carolina

Pasajero de la tierra,

¿adónde va, sabe Usted?

Ay que quisiera saberlo

yo viajo pero no sé.

Crecen, ladran

o se arrastran

por doquier seres vivientes,

ya sean hormiga

o serpiente,

elefante o cucaracha

todos viven, bien se ve.

Pero saber qué es la vida

ya es distinto, yo no sé.

De cristal y carbonilla

son los ojos de mi hija.

¡Cuánto alumbran!

¡Cómo brillan!

Son dos chispas desafiantes

que amanecen sobre el mundo…

Y preguntan para cuando.

Amor mío, no lo sé

¿Por qué socialismo?

Albert Einstein

Artículo publicado originalmente en
Monthly Review, New York, mayo 1949.


¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí.

Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.

Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.

En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.

Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?»

Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?

Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.

El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad».

Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posible progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.

El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.

Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.

Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.

La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.

En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.

El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.

La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes.

Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.

Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.

Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?