martes, 4 de diciembre de 2007

Asociación de Naciones del Sudeste Asiático

ASEAN no ha dejado de ser, como en sus comienzos, una organización de Estados soberanos que gozan de una identidad individual. El principio de no intervención es, aún, el pilar que garantiza la independencia de interferencia extranjera, uno de los objetivos fundacionales de la asociación. Es indudable que la cooperación regional ha profundizado la integración, respetando las condiciones anteriores. Los lazos que ahora unen a los miembros de la ASEAN incluyen principios, prácticas e intereses comunes. Los principios que los miembros han voluntariamente accedido a respetar en sus relaciones mutuas, como el consenso y la no intervención, definieron la naturaleza cooperativa de la organización, e influyeron en las conductas y decisiones de sus miembros. Los sucesivos espacios creados para la participación favorecieron la interacción y el diálogo. Fruto de la repetición de las interacciones surgieron tanto prácticas como conocimiento compartido. Mientras las prácticas, como la autolimitación, van reflejando la existencia de la estructura y cómo la misma ha ido avanzando en términos de cooperación, el conocimiento permitió la renovación constante de esta misma estructura. Estas sucesivas modificaciones estructurales volvieron a influir en la forma en que sus miembros perciben las conductas de sus pares e interactúan. A medida que el conocimiento es mayor pueden identificarse intereses en común, o tomarse decisiones comunes que no vulneren intereses nacionales. Actualmente, la ASEAN lidera organizaciones, como ARF, en las cuales a la vez que representa intereses del conjunto de sus miembros, intenta proyectar sus principios en un ámbito extra regional. Principios y prácticas han permitido la construcción de intereses comunes, reflejando en las relaciones entre los miembros la existencia de una estructura que se acerca paulatinamente a la integración. Las prácticas y principios sobre los que la ASEAN basa su funcionamiento hacen posible la formación social de conocimiento, y se afirman sobre la concepción de que dicho conocimiento es agente creador de un clima de mayor cooperación y de disminución de la conflictividad. La “forma de ASEAN” define a la toma de decisiones como un proceso que tiene como pilares el consenso y el diálogo, ambos son posibles debido a la frecuente interacción de los miembros. Ambos favorecen la transparencia y la construcción de confianza, sin la cual no habría cooperación genuina posible. Hasta aquí puede verse que la misma naturaleza de la ASEAN está constituida por elementos esenciales de la teoría constructivista: la posibilidad de construir intereses que son intrínsecos a las interacciones porque son modelados por una estructura intersubjetiva que se constituye a partir del conocimiento mutuo generado en las interacciones. En el recorrido efectuado por el desarrollo de la organización, la construcción de intereses comunes sucede al establecimiento de principios, y la puesta en práctica de los mismos. Recién en la década de 1990, podemos hablar de construcción de intereses en común, y no de adopción conjunta del interés de uno de los miembros, mientras que las prácticas del consenso y de la no interferencia podemos encontrarlas ya aplicadas en el conflicto de Camboya a fines de 1970.La ampliación de la ASEAN ha entorpecido, en cierta medida, este proceso de integración. Mientras hacia principios de 1990 sólo seis países cooperaban en el intento de encontrar definiciones comunes de intereses y problemas, hacia fines de la década, los diez países miembros están intentando redefinir principios, que alterarán ciertas prácticas y reproducirán la estructura social de un modo distinto.Este desafío es, puntualmente, la interpretación y aplicación del principio de no intervención. Esta interrupción en el paso acelerado que había logrado tomar la cooperación durante la última década del siglo XX no implica, a mi entender, un retroceso en el proceso de integración. Significa, en cambio, una redefinición estructural que será producto de las nuevas interacciones y del conocimiento que de ellas resulte. La definición de la identidad regional está, al mismo tiempo, en un proceso de transformación, que busca junto con la organización, ser más integradora. Esta búsqueda tiene por un lado un proceso de definición hacia el interior, que intenta integrar a la organización a los nuevos miembros a través de diferentes iniciativas. Por otro, uno de diferenciación con lo exterior, que busca preservar la integridad de la ASEAN como entidad separada dentro de la región de Asia – Pacífico. Ambos procesos están definiendo una identidad regional del SEA, y presuponen que la misma puede existir. En la medida en que el consenso, la transparencia y el diálogo sigan guiando la toma de decisiones, y que los Estados sigan previniéndose de intervenir en los asuntos internos de otros miembros, tanto la integración de los nuevos miembros, como la definición común de intereses podrán ser posibles. Y sólo en estos términos, podrá realmente pensarse en la construcción de una comunidad de ASEAN, que al momento sólo puede interpretarse como el ideal que guía la integración en el Sudeste Asiático.

IMPERIALISMO FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO

Aunque las voces imperialismo y colonialismo tienen un significado similar y pueden aplicarse indistintamente en algunas ocasiones, conviene establecer ciertas diferencias entre ellas. El colonialismo, por lo general, implica un control político oficial que supone la anexión territorial y la pérdida de la soberanía del país colonizado. El imperialismo, sin embargo, tiene un sentido más amplio que remite al control o influencia ejercido sobre otra región, sea o no de forma oficial y directa, e independientemente de que afecte al terreno económico o político. Las razones por las cuales los estados han aspirado a crear imperios a lo largo de la historia son de diversa índole, y podrían clasificarse, en términos generales, dentro de tres grupos: económicas, políticas e ideológicas. Asimismo, pueden distinguirse diversas teorías en razón del elemento al que se dé más relevancia. Los intereses económicos son los más habituales cuando se trata de explicar este fenómeno. Los defensores de esta concepción sostienen que las naciones se ven impelidas a dominar a otras para expandir su economía, adquirir materias primas y mano de obra, o para dar salida a los excedentes del capital y producción. La teoría más notable que vincula el imperialismo con el capitalismo es la de Karl Marx. Lenin, por ejemplo, consideraba que la expansión europea del siglo XIX era la consecuencia inevitable de la necesidad de las economías capitalistas europeas de exportar su excedente de capital. Del mismo modo, los marxistas contemporáneos explican la expansión de Estados Unidos en el Tercer Mundo basándose en imperativos económicos. Otros autores hacen hincapié en los condicionantes políticos y alegan que la razón principal por la que los estados tienden a expandirse es el deseo de poder, prestigio, seguridad y ventajas diplomáticas con respecto a otros estados. Según esta corriente, el objetivo del imperialismo francés del siglo XIX era recuperar el prestigio internacional de Francia después de la humillación que supuso la derrota en la Guerra Franco-prusiana. En este mismo sentido, la expansión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en la Europa del Este a partir de 1945 puede explicarse como una medida de seguridad: la necesidad de protegerse ante otra posible invasión desde la frontera occidental. La tercera explicación se centra en los móviles ideológicos o morales. De acuerdo con esta perspectiva, algunos países se ven impulsados a extender su influencia para difundir sus valores políticos, culturales o religiosos. Uno de los factores que propiciaron la constitución del Imperio Británico fue la idea de que era responsabilidad del ‘hombre blanco’ civilizar a los pueblos ‘atrasados’. La expansión alemana que tuvo lugar durante el gobierno de Adolf Hitler se basaba en gran medida en la creencia en la superioridad inherente a la cultura alemana. El deseo de Estados Unidos de "proteger al mundo libre" y el interés de la antigua Unión Soviética por "liberar" a los pueblos de la Europa del Este y del Tercer Mundo son también un ejemplo de este tipo de imperialismo. Por último, otras teorías explican el imperialismo basándose en las circunstancias políticas de las naciones más débiles, en lugar de enfatizar los móviles de las naciones poderosas. La interpretación que ofrecen señala que es posible que las potencias más fuertes no tengan intención de expandirse, pero que se ven obligadas a hacerlo debido a la inestabilidad de otras naciones; los compromisos con los imperios del pasado son la causa de nuevas acciones imperialistas. La conquista de la India emprendida por Gran Bretaña y la colonización rusa de Asia central en el siglo XIX son ejemplos clásicos de este tipo de imperialismo. Los efectos del imperialismo suelen girar en torno a los aspectos económicos, dado que esta perspectiva es la que prevalece en los debates sobre sus posibles móviles. La polémica surge entre aquéllos que creen que el imperialismo implica explotación y es la causa del subdesarrollo y el estancamiento económico de las naciones pobres, y los que alegan que, pese a las ventajas que proporcionó esta situación a las naciones ricas, también las naciones pobres se beneficiaron, al menos a largo plazo. Es difícil decantarse por una u otra concepción por dos motivos: de un lado, no se ha llegado a un consenso sobre el sentido del término explotación; y de otro, no es fácil separar las causas internas de la pobreza de una nación de las que son de índole internacional. Lo que resulta evidente es que el efecto del imperialismo ha sido desigual: unas naciones han obtenido mayores ventajas económicas que otras de su contacto con potencias más ricas. India, Brasil y otros países en vías de desarrollo incluso han comenzado a competir económicamente con sus antiguas metrópolis. Por ello, sería aconsejable examinar la repercusión económica del imperialismo atendiendo a cada caso en particular.
Las consecuencias políticas y psicológicas del imperialismo son igualmente difíciles de determinar. Este fenómeno ha demostrado ser destructivo y creativo a la vez: ha destruido instituciones tradicionales y formas de pensar, y las ha sustituido por las costumbres y mentalidad del mundo occidental, ya se considere esto un beneficio o un perjuicio.

POR QUÉ FRACASA EL SOCIALISMO

La pregunta que da nombre a este artículo es contundente y –dirían algunos- pretenciosa. Dado a que en otros campos de la experiencia humana hay formas de organización o acción que pueden funcionar siempre que existan una serie de factores o condiciones, decir que el socialismo fracasa siempre y en sí mismo es una afirmación que necesita una fundamentación sólida. Para empezar debemos definir qué es socialismo. A pesar de que su nombre provenga de "social", algo muy inteligente por parte de quienes diseñaron la etiqueta en los siglos XVII al XX, lo que realmente implica es planificación central (socialización). Y claro, existen varios socialismos, desde el socialismo utópico, pasando por el socialismo marxista hasta llegar a su primo hermano, el nacionalsocialismo -nazi- alemán. Pero, ¿qué tienen en común estas tendencias, cuyos integrantes pasaron tanto tiempo tratando de diferenciarse entre sí? Algo fundamental: la desconfianza o desprecio por la autonomía del individuo y la insistencia en politizar y planificar centralmente las actividades de una sociedad. Y eso es lo que debe ser entendido por socialismo o socialización. Entonces, lo que quiero señalar en este artículo es que independientemente de las aparentes buenas intenciones y argumentos de quienes nos proponen este modelo social, el socialismo fracasó y fracasará siempre que se intente. Como observó el genial John Locke en el siglo XVIII, la actividad humana genera propiedad. Para empezar somos dueños de nuestro propio cuerpo, y por añadidura de los frutos obtenidos mediante su uso. Es bajo ese concepto que los liberales del siglo XIX habían formulado la gran verdad universal de que somos dueños de "nuestra vida y nuestra propiedad". Ya que nuestra supervivencia como seres humanos es inseparable de nuestras necesidades materiales, pero a la vez nuestros derechos terminan donde empiezan los del otro, la ética que emergió una y otra vez en la Historia confirma esos principios que son tan evidentes ahora. Consagrarlo en formas de gobierno competitivas o un monopolio de funciones mínimas y limitado por una constitución. Nada de esto es posible si existe planificación central de la economía y otras áreas de la vida social. Una vez expuesto porqué un sistema socialista es ante todo ilegítimo, podemos pasar al plano de su funcionamiento económico, en el cual la planificación central tampoco pasa la prueba teórica e histórica. Imagine usted, estimado lector, que su negocio es un pequeño quiosco de hot-dogs. Sus hot-dogs tienen una serie de ingredientes, y además usted incurre en otros costos para obtener el producto final. La única forma dinámica, eficiente y legítima de saber si la gente quiere sus hot-dogs, es producirlos y ponerlos a la venta. Si la gente los compra, usted sabrá que el hot-dog vale más que la suma de sus partes: pan, salchicha, mostaza, cebollas, su tiempo, el gas de la cocina, la compra del quiosco, etc. En términos más precisos, el hot-dog es socialmente útil como actividad económica si la diferencia entre el precio final y los costos incurridos hace que valga la pena el esfuerzo. Eso, que sabemos a nivel individual en un negocio o actividad sin fines de lucro, es inexistente en el socialismo. Simplemente es imposible la contabilidad de costos, y si eso ocurre en una serie de industrias o la mayoría, es evidente la clase de desastre que se provoca. En ausencia de propiedad privada de los “medios de producción” y otros bienes, es imposible asignarlos a las tareas más prioritarias; su propia conservación y buen uso se ven comprometidos. Y hay que aclarar que en esto no tiene absolutamente nada que ver el carácter de los individuos que participan. Si se reúnen 10 millones de marxistas en una isla coherentemente socialista, no podrían coordinar sus actividades económicas y su supervivencia se vería comprometida casi enseguida. Este problema fue visualizado originalmente por el sueco Nicholas G. Pierson y el inglés Max Weber, antes de que fuese magistralmente expuesto por Ludwig von Mises. El tema es ineludible: dado que el valor es subjetivo y los precios reflejan la suma de esa subjetividad y la escasez de un bien, un sistema económico o industria que no cuente con precios libremente fijados –reales- va a desembocar siempre y cada vez en la entropía y el retroceso económicos. Este debate no es nuevo, y los autores socialistas nunca pudieron darle solución. A diferencia de lo que Marx pensaba, el mercado no representa una "anarquía de la producción": es el único mecanismo capaz de coordinar cientos de miles de actividades simples y complejas hacia la elaboración de bienes que eleven la calidad de vida del consumidor final. A través del sistema de precios se reflejan millones de gustos, preferencias y disponibilidad de bienes productivos y de consumo. ¿Es perfecto? Nada humano lo es. ¿Existe desperdicio e ineficiencia en muchas ocasiones? Por supuesto, pero su alternativa es peor. Sencillamente no hay reemplazo para el sistema de precios, que refleja las prioridades sociales y guía el proceso económico. Intentar sustituirlo con planes nacionales, regulaciones económicas o nacionalizaciones es un esfuerzo vano y económicamente destructivo. el argumento teórico, veamos lo que nos dice la Historia al respecto. La socialización de la agricultura había ya acabado con la vida de millones de personas por hambrunas en la naciente U.R.S.S., cuando Lenin decide aplicar la llamada Nueva Política Económica (NPE). Lenin, un marxista de formación, introduce entonces y por emergencia los primeros elementos de capitalismo cabal en Rusia. Reprivatiza alrededor del 4% de granjas colectivizadas, elimina ciertos controles, y establece el patrón oro (moneda dura) con respaldo para el rublo. Estos incipientes elementos de capitalismo fueron responsables por la supervivencia material del pueblo ruso. Ese pequeño porcentaje de kulaks que recuperaron su propiedad, generaron el 28% de la producción agrícola de la U.R.S.S. durante los siguientes 70 años. Tan concientes estaban los soviéticos de que los precios eran el sistema de señales de una economía (cosa que nuestros economistas neokeynesianos locales, por el contrario, ignoran o pretenden obviar) que mantenían suscripciones regulares a catálogos industriales y de tiendas departamentales de los EEUU y Europa, para tener algún tipo de referencia. Alrededor de 18.000 economistas participaban de la tarea centralizada en el Kremlin por fijar precios sin mercado, un esfuerzo vano por definición. Cada año más fábricas quedaban paradas por falta de partes pequeñas que no podían solicitarse dinámicamente mediante compras libres. La economía soviética, en palabras de un economista ruso contemporáneo, era un "ferrocarril tosco y feo, detenido por falta de tornillos". Lo mismo le sucede a Cuba. Sólo un 13% de los ingenios azucareros que la Revolución confiscó a sus propietarios sigue en condiciones funcionales, el resto son chatarra gracias a la falta de piezas de repuesto. Ni la U.R.S.S. ni Cuba pudieron ni podrían sostenerse sin socios más cercanos al concepto capitalista, ya sea por imitación permanente de industrias, métodos y especializaciones profesionales, o bien por comercio estatal, en lo que se conoce como "capitalismo de estado". Los ciudadanos de los modelos totalitarios por su parte complementaron siempre sus necesidades en el mercado negro.
Cada actividad económica que se aísle del sistema de precios, empezará necesariamente un lento declive y deformación. Así lo atestiguan tanto la educación francesa, con la pérdida de sus estándares de posguerra, como la medicina socializada en Canadá, que hace esperar a pacientes críticos alrededor de 6-18 meses y cuenta con una tecnología muy inferior a la de su vecino EEUU. Lo mismo sucede con el sistema de pensiones en Suecia, que empieza ya a imitar a Chile en un modelo individual de ahorro en vez de la mal llamada seguridad social. En el Ecuador de hoy en día -el cual por cierto se clasifica entre los países de menor libertad económica del mundo- hay una larga serie de actividades e industrias que siguen intervenidas o directamente en manos estatales, eliminándose cualquier tipo de racionalidad económica e innovación local. Pero ni la administración extranjera, la concesión u otros parches podrán subsanar el problema fundamental: al igual que en un quiosco de hot-dogs, se necesita información real y libre para crear valor agregado. Hagamos una última disección del término para aliviar a quienes sienten que este artículo ofende su sensibilidad política o incluso cultural. Como dije al principio los ingenieros sociales, diseñadores de utopías a costa de vida y propiedad ajenas, tuvieron el mejor acierto en la historia del marketing político al apropiarse del nombre socialista para autoetiquetarse. Sin embargo el nombre sigue causando confusión entre quienes tienen una gran sensibilidad social y aman el concepto de comunidad, sobre todo en nuestro estilo latino. Sencillamente, el socialismo es lo contrario a la comunidad, en su concepto pacífico y voluntario. La imposición gubernamental es la señal de fracaso de quienes no lograron liderar voluntariamente un tema o proyecto social. Si usted al igual que yo, cree en la comunidad, en el liderazgo y en la ayuda a los más necesitados, no piense que es socialista. Sencillamente usted es humano. Politizar esas nobles intenciones provoca el efecto contrario: autoritarismo y subdesarrollo. Y por eso precisamente, el socialismo fracasa.

Urgen limpia en las uniones de crédito

Acapulco.- Las uniones de crédito necesitan un nuevo marco legal para poder acelerar la “limpia” del sector y revocar la autorización de aquellas entidades que incumplen con requisitos básicos, afirmó la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV). El presidente del organismo regulador, Guillermo Babatz Torres, informó que de las 160 entidades que mantienen su autorización para operar como uniones de crédito, entre 120 y 125 funcionan bien, pero al resto debe revocársele la autorización y liquidarlas. Sostuvo que el marco legal actual tiene deficiencias y es inadecuado para desarrollar el sector, además de que faltan atribuciones a la CNBV como autoridad para que los procesos de salida los intermediarios que incumplen las reglas sean expeditos y creíbles. En entrevista durante el “Segundo Foro Pyme de Uniones de Crédito”, expuso que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) es la que tiene la atribución para trabajar junto con el sector en un nuevo marco legal. No obstante, la CNBV ya tiene conocimiento de la propuesta integral de nuevo marco legal aplicable al sector, promovida por el Consejo Mexicano de Uniones de Crédito (ConUnión) y a discusión en la Comisión de Hacienda de la Cámara de Senadores. En 1993 se aprobaron reformas aplicables a las uniones de crédito para promover la ampliación de la cobertura regional y sectorial de estos intermediarios, pero la instrumentación de políticas que buscaban su expansión fue deficiente. Por un lado se presentó un proceso de autorización de uniones de crédito, lo que dio lugar a la entrada de un gran número de entidades, muchas de ellas administradas sin la capacidad técnica y solvencia moral requerida. De 1989 a 1995 se autorizaron 219 entidades, que se sumaron a las más de 200 existentes hasta entonces, para alcanzar un máximo de 432 uniones, pero el crédito otorgado por la banca de desarrollo al sector careció de disciplina para un proceso ordenado. “Esta débil gestión de los programas de crédito de la banca de desarrollo se hizo evidente durante la crisis financiera de 1995 y tuvo, entre otras graves consecuencias, un efecto sumamente negativo en la credibilidad y reputación del sector”, recordó Babats Torres. El desprestigio de la figura de uniones de crédito por los fraudes cometidos a los socios llevó a la falta de fuentes de fondeo y al cierre de un número considerable de intermediarios, lo que significó la revocación de 274 entidades de 1995 a la fecha. Para el presidente de la CNBV, de las 160 entidades que mantiene su autorización para operar como uniones de crédito, entre 120 y 125 lo hacen correctamente, pero el resto presenta debilidades, por lo que hay una alta probabilidad de cancelarles la autorización. No obstante, dijo, el proceso de revocación es muy lento y oneroso, lo que va en detrimento de todo el sector, por lo que es necesario concretar cambios al marco legal vigente. Con los cambios a la legislación se podrá acelerar la salida de intermediarios que no deberían estar operando, “tenemos qué acabar de limpiar la figura, acabar de limpiar el sector, para los que hoy están operando bien puedan potenciar sus actividades”. Sorprende, reconoció, que haya casi 130 uniones de crédito que operan de forma sana en el entorno actual de falta de financiamiento y el desprestigio que sufrió el sector, ya que tiene una tendencia positiva en el crecimiento de su actividad. El sector tiene activos por casi 25 mil millones de pesos, cuenta con unos 110 mil socios de los cuales más de 25 mil reciben créditos, lo que se traduce en un impacto importante en la actividad regional.
Las uniones de crédito, instituciones financieras de empresarios para empresarios, atienden a las pequeñas y medianas empresas (Pymes) tanto con productos como con la integración y desarrollo de cadenas productivas a través de sus departamentos especiales.

EL PAPEL DEL ECONOTECNOCRATISTA DE LA BUAP

La economía es la ciencia que estudia las relaciones sociales de producción, el hombre, el genero humano, antes de hacer ciencia, reproducirse tener una casa o un automóvil, necesita comer, todos los hombres que han existido en la historia de la tierra tienen eso en común, ya que haya sido una aldea completa o la familia como hoy la conocemos el hombre tiene que ingeniárselas para llevar el sustento a su casa, esta ciencia social va a exponer como el hombre bajo unas determinadas relaciones entre hombres como él van a asegurar el sustento y a satisfacer las necesidades de su genero, durante la historia de la humanidad han existido diversas relaciones en las cuales los seres humanos han satisfecho sus necesidades, las cuales por su desarrollo interno han sido germen para otras nuevas que empiezan a satisfacer las creadas por el cambio y seguir. El capitalismo, actual modo de producción surgió de las cenizas del feudalismo, que ya era un modo de producción caduco por el momento histórico que ese estaba viviendo, el comercio y la mundialización de la producción ya no era compatible con las exigencias y necesidades creadas, el capitalismo fue el nuevo modo de producción, en el cual vivimos, el economista necesita saber todo esto para ubicar nuestro análisis, en nuestro análisis deben existir la claridad de que existen 2 clases sociales antagónicas, que somos parte de la sociedad, pero en una posición dentro de la sociedad especifico, y sabiendo a que clase social pertenecemos debemos ubicar para cual trabajar y buscar el bienestar de nuestra clase, las neblinas que cubren nuestro análisis, o más bien dicho la falta de ubicación, es el mejoramiento en cantidad pero no en cualidad de las condiciones de vida, lo fácil que resulta querer ser una persona rica teniendo un jetta a la puerta, eso es lo que pasa con la discusión del actual plan de estudios, quieren formar economistas tecnócratas, sin saber que la tecnocracia son los hijos de la clase que se encuentra en el poder es la escuela de la burguesía que va salvaguardar sus intereses y van a crear a sus intelectuales, que van a dictar y mejorar sus condiciones de subsistencia y en algunos casos su permanencia, es pretencioso e humillante lo que los profesores mal ubicados de la escuela de economía de la UAP quieren hacer, es la pretensión de ser algo que su clase no necesita, es el individualismo total y reaccionario, querer ser algo que la historia de su clase no lo dicta, debemos ser parte aguas de mejora para nuestra clase, no ser parte aguas de una a la cual nunca perteneceremos e históricamente tendrá que desaparecer.