ASEAN no ha dejado de ser, como en sus comienzos, una organización de Estados soberanos que gozan de una identidad individual. El principio de no intervención es, aún, el pilar que garantiza la independencia de interferencia extranjera, uno de los objetivos fundacionales de la asociación. Es indudable que la cooperación regional ha profundizado la integración, respetando las condiciones anteriores. Los lazos que ahora unen a los miembros de la ASEAN incluyen principios, prácticas e intereses comunes. Los principios que los miembros han voluntariamente accedido a respetar en sus relaciones mutuas, como el consenso y la no intervención, definieron la naturaleza cooperativa de la organización, e influyeron en las conductas y decisiones de sus miembros. Los sucesivos espacios creados para la participación favorecieron la interacción y el diálogo. Fruto de la repetición de las interacciones surgieron tanto prácticas como conocimiento compartido. Mientras las prácticas, como la autolimitación, van reflejando la existencia de la estructura y cómo la misma ha ido avanzando en términos de cooperación, el conocimiento permitió la renovación constante de esta misma estructura. Estas sucesivas modificaciones estructurales volvieron a influir en la forma en que sus miembros perciben las conductas de sus pares e interactúan. A medida que el conocimiento es mayor pueden identificarse intereses en común, o tomarse decisiones comunes que no vulneren intereses nacionales. Actualmente, la ASEAN lidera organizaciones, como ARF, en las cuales a la vez que representa intereses del conjunto de sus miembros, intenta proyectar sus principios en un ámbito extra regional. Principios y prácticas han permitido la construcción de intereses comunes, reflejando en las relaciones entre los miembros la existencia de una estructura que se acerca paulatinamente a la integración. Las prácticas y principios sobre los que la ASEAN basa su funcionamiento hacen posible la formación social de conocimiento, y se afirman sobre la concepción de que dicho conocimiento es agente creador de un clima de mayor cooperación y de disminución de la conflictividad. La “forma de ASEAN” define a la toma de decisiones como un proceso que tiene como pilares el consenso y el diálogo, ambos son posibles debido a la frecuente interacción de los miembros. Ambos favorecen la transparencia y la construcción de confianza, sin la cual no habría cooperación genuina posible. Hasta aquí puede verse que la misma naturaleza de la ASEAN está constituida por elementos esenciales de la teoría constructivista: la posibilidad de construir intereses que son intrínsecos a las interacciones porque son modelados por una estructura intersubjetiva que se constituye a partir del conocimiento mutuo generado en las interacciones. En el recorrido efectuado por el desarrollo de la organización, la construcción de intereses comunes sucede al establecimiento de principios, y la puesta en práctica de los mismos. Recién en la década de 1990, podemos hablar de construcción de intereses en común, y no de adopción conjunta del interés de uno de los miembros, mientras que las prácticas del consenso y de la no interferencia podemos encontrarlas ya aplicadas en el conflicto de Camboya a fines de 1970.La ampliación de la ASEAN ha entorpecido, en cierta medida, este proceso de integración. Mientras hacia principios de 1990 sólo seis países cooperaban en el intento de encontrar definiciones comunes de intereses y problemas, hacia fines de la década, los diez países miembros están intentando redefinir principios, que alterarán ciertas prácticas y reproducirán la estructura social de un modo distinto.Este desafío es, puntualmente, la interpretación y aplicación del principio de no intervención. Esta interrupción en el paso acelerado que había logrado tomar la cooperación durante la última década del siglo XX no implica, a mi entender, un retroceso en el proceso de integración. Significa, en cambio, una redefinición estructural que será producto de las nuevas interacciones y del conocimiento que de ellas resulte. La definición de la identidad regional está, al mismo tiempo, en un proceso de transformación, que busca junto con la organización, ser más integradora. Esta búsqueda tiene por un lado un proceso de definición hacia el interior, que intenta integrar a la organización a los nuevos miembros a través de diferentes iniciativas. Por otro, uno de diferenciación con lo exterior, que busca preservar la integridad de la ASEAN como entidad separada dentro de la región de Asia – Pacífico. Ambos procesos están definiendo una identidad regional del SEA, y presuponen que la misma puede existir. En la medida en que el consenso, la transparencia y el diálogo sigan guiando la toma de decisiones, y que los Estados sigan previniéndose de intervenir en los asuntos internos de otros miembros, tanto la integración de los nuevos miembros, como la definición común de intereses podrán ser posibles. Y sólo en estos términos, podrá realmente pensarse en la construcción de una comunidad de ASEAN, que al momento sólo puede interpretarse como el ideal que guía la integración en el Sudeste Asiático.
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