: LA FORMACIÓN DE CAPITAL HUMANO
Cuando en enero de 1960 Fidel Castro dijo que “el futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, de hombres de pensamiento”, el país tenía más de un 20% de analfabetos.
En la campaña de alfabetización de 1961 participaron 271 000 alfabetizadores voluntarios y 700 000 personas fueron alfabetizadas. Esta épica batalla fue continuada por la formación masiva de maestros, la creación de un sistema de educación totalmente gratuito, la construcción de escuelas primarias, secundarias y preuniversitarios en todas las provincias y la expansión de la educación superior.
Entre 1959 y el 2002 la cantidad de escuelas pasó de 7 679 a 12 717, el personal docente se multiplicó por 10, pasando de 22 800 a 258 000 y la matrícula total en todos los niveles de enseñanza pasó de 811 300 a 2 430 000.
La cantidad de centros de educación superior ascendió de 3 a 54, con presencia de la docencia universitaria ahora en todas las provincias del país y un proceso en marcha de expansión hacia todos los municipios, con más de 900 filiales universitarias.
Conjuntamente con la red educacional, y partiendo de bases prácticamente inexistentes en la etapa prerrevolucionaria, comenzó a surgir y a expandirse la red de instituciones de investigación científica hasta llegar a su composición actual de 221 centros de investigación, en donde laboran más de 31 000 personas. El número de investigadores dedicados en jornada completa a la investigación científica se estimó en el año 2000 en 5 378, para un indicador de 1,15 por cada 1000 personas en edad económicamente activa. Si se incluyen también los profesores universitarios, este indicador sube a 3,0, cifra muy superior a la media de América Latina y equivalente a las estimadas para España, Holanda o Austria.
A partir de la década de los setenta, miles de jóvenes científicos complementaron su formación en el extranjero. Hasta diciembre de 2000 se habían entregado en el país 5 662 títulos de Doctor en Ciencias.
Cuba tiene actualmente los índices de maestros por habitante (y de médicos por habitante) mayores de mundo.
Este proceso educacional tuvo y sigue teniendo dos profundas raíces políticas. Una es el abandono de la ingenua idea de algunas teorías del desarrollo que suponen que la educación, la salud, la ciencia y la cultura vendrán algún día como consecuencia del desarrollo económico. La estrategia práctica de la Revolución Cubana fue exactamente la inversa: la educación, la salud, la ciencia y la cultura son, en el mundo actual, pre-requisitos del desarrollo económico. A ellos hay que acceder directamente y rápido.
El acceso a la educación, la salud y la cultura además, tiene que ser masivo y equitativo. Esto hay que construirlo con voluntad política y no dejarlo en manos de supuestos mecanismos espontáneos. La justicia social se alcanza desde la política, no desde la economía. El desarrollo económico vendrá después, apoyándose en esto.
La otra raíz política nutricia del desarrollo educacional está en el origen de los excedentes económicos que hacen posible la inversión en capital humano. Estos recursos existen, aun en las economías subdesarrolladas, pero son apropiados por las burguesías nacionales (antinacionales) y en gran parte transferidos hacia las economías de los países ricos.
La interrupción revolucionaria de este círculo vicioso del subdesarrollo puso en manos del país los recursos necesarios para el impulso educacional masivo. Esa base de capital humano sirvió de plataforma de despegue para el desarrollo científico de los últimos 20 años.
EL SECTOR DE LA BIOTECNOLOGÍA EN CUBA Y SUS REGULARIDADES
La Biotecnología es esencialmente un proceso industrial, en el que las conexiones con la investigación científica (que todos los procesos industriales tienen) son muy evidentes. Pero lo esencial es el proceso de fabricación. Como todo proceso de fabricación implica una transformación de materias primas en productos finales; y la particularidad de la biotecnología consiste en que esas transformaciones ocurren en el interior de una célula viva. La célula funciona como fábrica.
Procesos fermentativos en los cuales un cultivo celular produce a escala industrial determinado producto (etanol o antibióticos por ejemplo) han existido desde hace mucho tiempo. El hecho nuevo a finales de los años setenta fue el surgimiento de la ”ingeniería genética”: la capacidad para extraer, modificar o introducir a voluntad genes en una célula, y cambiar así su metabolismo para hacerla producir determinado producto.
Esta fusión de las tecnologías fermentativas para el cultivo celular en gran escala con tecnologías de modificación genética de las células, dio origen a una nueva industria, que se expresó en el surgimiento de cientos de pequeñas empresas, lo cual comenzó en algunos lugares de Estados Unidos en la década de los ochenta y en Europa 10 años después.
Como unos años antes había ocurrido con la computación y la microelectrónica, surgía ahora también con la Biotecnología, un sector industrial que conectaba de manera muy visible y directa la investigación científica con el desarrollo de procesos productivos y la comercialización.
En Cuba, movido por una clara voluntad política y con la conducción estratégica de Fidel, ocurrió un proceso de fundación de instituciones biotecnológicas que cristalizó en lo que hoy conocemos como el “Polo Científico” de la Biotecnología, y que agrupa más de 40 instituciones, con más de 12 000 trabajadores y 7 000 científicos. Es el complejo principal de instituciones, aunque no el único, pues también surgieron centros en otras provincias.
La creación del Polo Científico de la Biotecnología fue una inversión del Estado. Esta enorme inversión rompió el ciclo de “causalidad circular” que opera entre los bajos ingresos de la economía y la escasa inversión en ciencia y tecnología; que en los países subdesarrollados se condicionan mutuamente.
En cualquier aproximación al estudio de la Biotecnología Cubana llaman la atención tres fenómenos: la precocidad, la magnitud y los resultados.
En el momento en que surgen las instituciones que debían combinar la investigación científica con el desarrollo de nuevos productos y procesos productivos en este campo, la biotecnología era algo incipiente y solo en algunos de los países más industrializados. Aún hoy, la existencia de grandes instituciones biotecnológicas, con más de 1 000 trabajadores (como hay varias en Cuba) es excepcional en Estados Unidos y Europa, donde la empresa biotecnológica promedio tiene algo más de 100 trabajadores.
De hecho en el sector biotecnológico europeo completo se estima que trabajen no más de 60 000 personas.
No es el propósito de este artículo enumerar los productos, los resultados científicos y los económicos que han ido surgiendo del esfuerzo de la Biotecnología Cubana en los últimos 25 años. No obstante, al lector carente de información previa pueden serle útiles algunos apuntes:
Más de 20 biofármacos y vacunas incorporados al Sistema de Salud.
Más de 900 patentes depositadas.
Vacunas novedosas, con tecnología propia, tales como la meningitis B y la del hemofilus.
Cuba es actualmente el país del mundo con mayor intensidad y cobertura de vacunación (13 vacunas) en el mundo.
Drástica reducción de la incidencia de hepatitis B (resultado de la vacuna recombinante), llegando a cero en la población menor de 15 años de edad.
Acceso amplio de toda la población a medicamentos de alta tecnología (interferones, eritropoyetina, anticuerpos monoclonales y otros).
Red nacional de inmunodiagnóstico de alta tecnología que conduce a pesquizaje perinatal con cobertura total para varias enfermedades.
Nuevos medicamentos para la reducción del colesterol y el tratamiento del infarto.
Red nacional de neurodiagnóstico con equipos de alta tecnología.
Nótese que en esta enumeración hay datos no solo sobre productos y tecnologías, sino sobre su impacto en modificación de indicadores de salud a escala poblacional. En esto hay que leer no solo un fenómeno sanitario, sino un indicador del nivel de inserción de la ciencia en su contexto social.
Volveremos más adelante sobre este concepto de que el desarrollo científico es básicamente el desarrollo de sus conexiones y su integración con otros procesos sociales.
Los productos de la Biotecnología Cubana se exportan hoy a más de 50 países, y generan un flujo de caja positivo, que permite financiar la propia expansión del sistema. Estos resultados son aun más notables vistos en el contexto de la lenta maduración de la biotecnología como sector industrial en el mundo. Más de la mitad de las empresas biotecnológicas norteamericanas y la gran mayoría de las europeas, no han logrado transitar a una rentabilidad por sus propias ventas; y el sector de la biotecnología en su conjunto, tanto en Norteamérica como en Europa se mantiene en “flujo de caja negativo”, consumiendo dinero, que extraen de las abundantes fuentes de capital (inversionistas de riesgo, bolsa de valores, etc.) que existen en las economías de los países ricos.
También el surgimiento de la biotecnología en Estados Unidos coincidió en tiempo con el crecimiento de la economía especulativa en el mundo capitalista desarrollado, que desacopló en gran medida los flujos financieros de la producción material; y la biotecnología no escapó a las influencias de esa tendencia.
¿Qué puede explicar entonces el fenómeno de que la Biotecnología Cubana, surgida en un país sin desarrollo industrial previo y bajo el bloqueo paranoide de la mayor potencia del capitalismo mundial, haya logrado construir en unos años balance económico positivo, impacto en salud, cartera de productos, base de patentes y en fin, crecimiento?
Los cubanos tenemos la obligación de hacer este análisis. No podemos dejarlo en manos de quienes “nos estudian” desde afuera, en el mejor de los casos con una carga visible de superficialidad y prejuicios, y en otros con intencionalidad ideológica.
Por supuesto que un análisis amplio de este tema no puede hacerse en un solo trabajo, ni mucho menos por una sola persona. Lo que sigue debe verse como una enumeración de hipótesis, que pueden servir de punto de partida.
Son estas:
La Biotecnología Cubana partió de una sólida base de inversión previa en educación y en salud. Sobre esto ya hemos hablado en la sección sobre “La Formación de Capital Humano”.
La Revolución, en su ejecutoria práctica, fue muy coherente con la idea de que la educación y la salud no se pueden asumir como consecuencias distales del desarrollo económico, sino como derecho de ejercicio inmediato y como pre-requisito para el desarrollo. Sin los resultados de ese esfuerzo colosal hubiese sido imposible el surgimiento de la Biotecnología en los ochenta.
La Biotecnología Cubana fue una inversión del Estado socialista. Nunca hubiese sido posible por mecanismos “de mercado”; con su proverbial orientación de corto plazo. La voluntad política y la conducción estatal hicieron posible en Cuba además, el mantenimiento del esfuerzo inversionista aun durante el período especial.
La propiedad social garantizó y garantiza la integración entre el esfuerzo de las diferentes instituciones. El despegue no hubiese sido posible si hubiésemos caído en la trampa de competir unos contra otros. Es precisamente esa ilusión de competencia lo que fragmenta el esfuerzo incipiente de otros países del tercer mundo en este campo, y crea “costos de transacción” para negociaciones internas, que se vuelven paralizantes.
Las instituciones se diseñaron como “Centros de Investigación-Producción-Comercialización”, quedando así bajo una sola administración el “ciclo completo” desde la investigación científica, pasando por el desarrollo de productos y procesos productivos y llegando a la comercialización, incluidas las exportaciones.
Se estrecharon así las conexiones entre investigación y producción en ambos sentidos: en la dirección de acelerar el tránsito de resultados científicos hacia nuevos productos y procesos; y en la dirección de utilizar la información proveniente de la producción y el mercado para fertilizar el diseño de nuevos proyectos de investigación.
Asimismo, surgió una institución de nuevo tipo, que no se ajusta al esquema presupuestado de los centros científicos tradicionales, dado que produce, exporta y reinvierte parte de sus ganancias, ajustando los planes a las oportunidades económicas; pero que tampoco se ajusta al esquema empresarial de la economía tradicional, dado que debe tener en cuenta proyectos de rentabilidad en el largo plazo, debe conducir investigaciones a riesgo y debe proteger sus recursos humanos aun en períodos de dificultades económicas.
Aun tenemos pendiente la tarea de institucionalizar las características y procesos de este nuevo tipo de organización, que surgió en la Biotecnología pero que seguramente se extenderá a otros sectores de nuestra economía.
La Biotecnología Cubana se planteó una estrategia económica esencialmente exportadora. Es así por una razón práctica y una ideológica. En términos prácticos el mercado doméstico de los países pequeños no tiene volumen suficiente para generar operaciones que absorban los costos fijos de la investigación científica y del sistema de garantía de calidad. De hecho, las ganancias de las exportaciones son las que financian el componente en divisa de las producciones que se destinan a satisfacer (con toda prioridad) la demanda nacional.
Más importante aun que esta motivación práctica, es el concepto ideológico de que las relaciones de los Centros de la Biotecnología con el Sistema de Salud no pueden tener carácter “de mercado”. El pueblo cubano no es “un cliente”: es el dueño socialista de las instituciones.
La investigación científica recibe un tratamiento “de inversión”. No se trata de proyectos con salida impredecible que se asuman como “gasto presupuestado”. Cada proyecto tiene un pronóstico de impacto económico y una tasa de retorno esperada.
Aun aceptando que los proyectos de investigación-desarrollo tienen un componente de riesgo mucho mayor que el de otros proyectos de inversión (la ciencia es por definición el espacio de lo desconocido), el ejercicio de diseñar desde el principio el ciclo completo de la transformación del resultado científico en producto novedoso y de este producto en proceso productivo con realización económica, es un ejercicio imprescindible para no perder el rumbo en este tipo de institución cuyo rasgo esencial está precisamente en la interconexión estrecha entre la ciencia y la economía. La labor del dirigente científico aquí es gestionar eficazmente esta construcción de conexiones.
La motivación de los trabajadores. En la Biotecnología, como en otras industrias de la llamada Economía del Conocimiento, la productividad depende directamente de la creatividad de los trabajadores y esta a su vez de la motivación.
El éxito de la Biotecnología Cubana fue visto desde el principio por todos, como parte de la defensa de socialismo en Cuba. Esta capacidad cultural de poner siempre el esfuerzo concreto cotidiano dentro del contexto mayor de los grandes objetivos nacionales ha sido una de las direcciones principales del trabajo político en nuestros colectivos. Estos fueron integrados de inicio por personas “motivados y motivables” y esa motivación fue permanentemente reforzada por la atención de los dirigentes de la Revolución, a partir del propio Comandante en Jefe, y por la labor del PCC y la UJC.
¿Es la Biotecnología Cubana una especie de “singularidad económica” difícilmente repetible en otros sectores de la economía cubana y/o en otros países? Precisamente refutar esta interpretación superficial es uno de los propósitos de este artículo.
Lo que ha estado sucediendo en la Biotecnología Cubana es algo que podemos y debemos extender a otros sectores de nuestra economía; y poner en el contexto mayor de la lucha por el derecho al desarrollo económico.
DESARROLLO ECONÓMICO Y ECONOMÍA DEL CONOCIMIENTO
La experiencia del sector de la Biotecnología en Cuba es básicamente la de hacer surgir un sector de Economía basada en el Conocimiento, en el contexto de un país industrialmente subdesarrollado.
El tema del desarrollo económico (o del subdesarrollo) y el tema del tránsito a la economía basada en el conocimiento han producido mucha literatura en las últimas décadas, pero curiosamente han sido tratados por separado, y hay mucha menos literatura que trate ambos simultáneamente. Mucha literatura sobre el desarrollo económico, como es de esperar, proviene del sur. La literatura sobre Economía del Conocimiento proviene casi toda del norte.
Obviamente no podemos intentar en este espacio resumir ambas. Nos limitaremos a comentar algunas ideas que nos sirvan de base para explorar cómo la experiencia práctica del desarrollo científico en Cuba puede iluminar lo que hay en la intersección de estos dos campos: el del Desarrollo Económico y el de la Economía del Conocimiento.
Les adelanto que lo que vamos a encontrar en la intersección es la vieja polémica sobre el carácter social de la producción y el carácter privado (en el capitalismo) de la apropiación.
El pensamiento reciente sobre el Desarrollo Económico está marcado básicamente por tres ideas:
El reconocimiento (y la alarma) sobre la creciente polarización del mundo, en un proceso indetenible de concentración de riquezas y marginación de personas.
El reconocimiento de que el subdesarrollo económico no es una etapa hacia el desarrollo, si no que al contrario, el subdesarrollo es la otra cara del desarrollo. Ambos se condicionan y se causan mutuamente.
El agotamiento del neoliberalismo como estrategia de desarrollo económico (si es que alguna vez lo fue).
Los países subdesarrollados son hoy el 85% de la humanidad, que vive en 150 naciones.
En esa humanidad del sur hay 800 millones de personas (15% de la población mundial) subalimentados y 1 300 millones viven en la pobreza absoluta. Cada año de 13 a 18 millones de seres humanos mueren por hambre. Un tercio de la población adulta mundial, 950 millones de personas, son analfabetas.
En el polo de la riqueza, aproximadamente (según se clasifiquen) 40 países, vive menos del 20% de la población mundial, pero ellos acumulan el 86% del Producto Interno Bruto (PIB) y realizan el 82% de las exportaciones. Una extensa relación de indicadores de desarrollo socioeconómico pudiera añadirse, pero todos dibujan el mismo cuadro: hay una enorme brecha entre los países ricos y los países pobres; y además esa brecha está creciendo. Las tendencias de la economía mundial no conducen al desarrollo de ese 85% de la humanidad que es pobre, sino a la profundización del subdesarrollo.
La idea de que los países subdesarrollados podrían repetir el camino (con 200 años de diferencia) de industrialización que siguieron los países hoy llamados “desarrollados” ha quedado definitivamente atrás, y se hace evidente la realidad de que la causa verdadera del subdesarrollo está en la continua extracción del excedente económico generado por los países pobres y su transferencia a los países ricos. Los polos del desarrollo y del subdesarrollo existen cada uno, precisamente porque existe el otro.
La receta del fundamentalismo neoliberal: desregulación, privatización, liberalización de los flujos de capital y mercancías (no de personas), retirada del Estado a favor del mercado; no ha hecho otra cosa que agravar el problema.
Es precisamente en ese contexto mundial, que comienza a ocurrir en los países industrializados, la llamada “transición hacia la Economía del Conocimiento”.
Se identifica con este término inicialmente a un conjunto de sectores de la economía (microelectrónica, computación, telecomunicaciones, biotecnología, nuevos materiales, etc.) caracterizados por productos y servicios de alta tecnología y siempre cambiantes en los que el conocimiento es el principal componente del costo y el precio; y el acceso al conocimiento la principal “barrera de entrada” para el desarrollo.
Durante 200 años, la economía neoclásica reconoció dos factores en la producción: el capital y el trabajo. El conocimiento (y la educación) se consideraba un factor exógeno, una “externalidad económica”.
En la economía del siglo xxi el conocimiento pasa a ser un tercer factor de producción y el crecimiento económico se vuelve cada vez más dependiente de la acumulación de conocimientos. Aunque más visibles en los sectores productivos de alta tecnología, antes mencionados, el papel del conocimiento en los sistemas económicos está cambiando. De hecho, cada vez más, la investigación científica es internalizada por muchas empresas como parte de la “cadena de valor” y ello crea la necesidad de una fuerza de trabajo cada vez más calificada y motivada.
La economía mundial se transforma en ese sentido. La aspiración al desarrollo económico no puede ser más la aspiración a “construir un pasado” de industrialización estandarizada de alto consumo de recursos naturales y fuerza de trabajo poco calificada. Hay que luchar por salir adelante, pero por salir hacia el tipo de economía a la que el mundo va, no hacia el tipo de economía de la que el mundo viene. Hay que tener mucho cuidado con esta confusión porque puede ser bien utilizada por los explotadores de siempre.
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